El profesor fue Mariano Baldor y empezó utilizando antiderivadas, que son lo mismo de las eses alargadas aquellas y evento contrario al de derivar como su nombre lo dice: tanque, antitanque; burro, antiburro... Como ven la antiderivada es una argucia para matar derivadas y yo, feliz. No era así, las antiderivadas eran más difíciles y con más reglas. Con decir que si integrábamos la aceleración con respecto al tiempo hallábamos la velocidad y si integrábamos la velocidad, hallábamos la posición y la cosa se volvía un babel en los parciales. Si integrábamos la posición nos encartábamos. Si en las integrales fáciles no dimos pie con bola en las integrales trigonométricas hicimos de bola, que era la misma antiderivada pero con esas cosas de seno y coseno y tangente y... antideríveme un seno de teta y le creo. Se vino la fácil de fracciones parciales, porque de antemano las fracciones son parciales, pero al profesor no le ganaba nadie, que si una fracción era propia o impropia podía convertirse en el producto de polinomios irreductibles y se tiró en la batica de cuadros, eso era un enredo que mejor ni les cuento. Si alguien les habla bien de las fracciones parciales, déjenlo que está loquito. Más luego se usan esas antiderivadas para hallar áreas bajo la curva o mejor las áreas de curvas cerradas no poligonales con lo que excluimos por completo los planos regulares y las polígonales; no fue tan duro hasta que le adicionaron las sumas de Riemann y le colocaban una letra sigma desde i igual a 1 hasta n. Yo siempre le he tenido tirria a ese bodrio que, es un operador y, aunque lo dije bien, gas. Se vinieron las superficies de revolución en las que se hacía rotar una función en los ejes simétricos del plano cartesiano y pum, explotó el quinto infierno, para hacer eso se necesitaba tener un cerebro de varias gigahertzios de velocidad e imaginarse la rotación, el sólido y dibujar muy bien para poder entender donde se iba a integrar y para las tres cosas soy malo y mi cerebro a duras penas procesa una operación por vez, total, a repetir. Y ni que decir de la regla de "L'Hospital" que salvaba una indeterminación, derivando por separado numerador y denominador, el nombre se debe a que si los polinomios son largos queda uno de hospital mental, bueno eso asumí yo que ya estaba con actitud derrotista. Mentiras, nos empezaron a dar sucesiones que eso si lo entiende cualesquier bruto: de uno sigue 2 y de dos, tres. De 1 sigue 3 y luego 5 el número que sigue es 7¿ven? facilísimo hasta que al pinche médico le da por quitar la anestesia y pedir el "término enésimo" y después, el "límite de la sucesión" la definición de "convergencia" o "divergencia" ¿Cómo carajo va a saber uno cuál es el término 32 de una sucesión o para donde va si cada término es diferente? definitivamente esto me aproximaba más a la repetición y al tercereo si no resultaba una tabla de salvación diferente a la HP, cuyas limitaciones ya se hacían evidentes en grado sumo. A eso le llovieron más infiernos: las sumas parciales, que aunque lo eran había que darlas enteras; las series telescópicas que no dejaban ver nada; las series P que están elevadas a la p y por analogía las series de todas las otras letras; las series alternantes que son exactamente como su nombre lo dice, unas veces dan y otras no dan. y las series de potencias que, en la realidad no alimentan nada. Y se acabó el semestre y no hice nada, repetí y medio entendí la cosa, así que para ganar calculo II, aún me tocaba verla otras dos veces y entenderla del todo, pero arrastrado también cuenta y lo que me dolía era la pregunta de cualesquier arúspice ¿Si la II es una tortura infernal, qué puedo esperar al tomar la III?